Premio Nobel de la paz

Todos los líderes de nuestro mundo se felicitaron hace unos días cuando el Premio Nobel de la Paz recayó en tres mujeres africanas y el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban ki.moon, dedicó a las premiadas una frase que dio la vuelta al mundo: “No podía haber sido mejor”. Las tres mujeres, Ellen Johnson Sirleaf  presidenta de Liberia, la activista del mismo país Leymah Roberta Gbowee y la periodista yemení Tawakul Karman. Luchadoras por los derechos de la mujer y defensoras de los Derechos Humanos, recibieron contentas la noticia no tanto porque las ensalzaba a ellas y a su labor sino sobre todo porque suponía un reconocimiento y respaldo a los movimientos democráticos y feministas de África.

La presidenta de Liberia, de 72 años, accedió al poder tras vencer en las elecciones de noviembre de 2005, convirtiéndose en la primera presidente africana elegida democráticamente, Leymah Roberta Gbowee de 39 años, impulsó en 2002 del movimiento pacifista y multiétnico Women of Liberia Mass Action for Peace que acabaría con la segunda guerra civil en su país un año después. Y la yemení Tawakul Karman de 32 años,la más joven en ganar el premio, se ha consolidado como la gran defensora de los Derechos Humanos en el Yemen y es la líder del grupo de Mujeres Periodistas Sin Cadenas creado en 2005.

Es un profundo motivo de alegría que un  reconocimiento tan importante a escala mundial haya recaído en esas mujeres que apenas existen para el primer mundo y muy poco para el tercero. Ellas sin embargo siguen luchando sin querer reparar en las dificultades de todo tipo que tienen que afrontar en unos países sumidos en la pobreza y las guerras y con unas sociedades que desde tiempo inmemorial se mueven en la ignorancia de lo que son los Derechos Humanos y una Justicia que apenas los conoce. Países a los que la Colonización dejó a medio camino entre una identidad y otra y que han de recuperar su autoestima y el sentimiento de pertenecer a una cultura que en muchos casos les fue arrebatada para suplantarla por otra más comercial para los nuevos amos. Ellas lo saben y contra todo esto luchan. Estamos contentas pues las mujeres de todo el mundo, no diré que no, al contrario. Pero me pregunto, ¿por qué se ha concedido este Premio Nobel de la Paz en forma colectiva a estas mujeres que han demostrado cabalmente la intensidad y eficacia de su labor, y cuando es un hombre el que lo gana no le hace falta ni compartirlo con otro en iguales circunstancias ni demostrar que cumplió o que cumplirá lo que promete, como en el caso del presidente Obama al que se lo concedieron sin especificar ningún logro concreto sólo por haber creado un nuevo clima en la política internacional y brindar a su pueblo un futuro mejor cuando sólo llevaba ocho meses en la Casa Blanca? ¿Qué nuevo clima internacional? ¿Qué futuro mejor? Tal vez a la guerra de Afganistán, o el asesinato de Ben Laden o el veto en las Naciones Unidas para que Palestina fuera un Estado más.

En cualquier caso recordemos una vez más la desigualdad: De Cien Premios Nobel de la Paz concedidos desde 1901, solo diez han correspondido a mujeres.

Noticias: El mundo.es

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