Víctima de trata de personas relata su drama

Diana lucha para que no haya más niñas vendidas a esas redes. Por cada víctima hay 20 en anonimato.

Un momento difícil de la vida hizo que Diana Ospino terminara captada, torturada y violada por un hombre que le prometió un mejor futuro en Argentina. Hoy, casi 4 años después, lucha para que más mujeres no sean atrapadas por redes de trata de personas.

El camino para ser una víctima más comenzó cuando esta mujer tenía 23 años y se quedó sin trabajo en el 2008. “Mi sueño era llegar a la pantalla chica o a una producción de cine, pero por falta de una oportunidad laboral decidí irme “.

Eso pasó cuando por Internet conoció a un hombre con el que tuvo conversaciones durante dos años. “Yo buscaba contactos, no relaciones. Me acababa de separar y mi hija era muy pequeña”.

Sin embargo, este hombre la envolvió diciéndole que trabajaba para un diario importante y que tenía un hermano que trabajaba en una de las mejores productoras de Buenos Aires. “Él se llama Sergio Moreno y un día me dijo: ‘Qué mal estás en tu país. Aquí podemos hacerte famosa’. Entonces me arriesgué”.

Diana vendió sus pertenencias e iba tan confiada que viajó con su hija. Su supuesto amigo le mandó lo del pasaje aéreo, pero ya en suelo argentino, lo primero que hizo el sujeto fue convencerla de que no se alojara en un hotel. “Me dijo que no era un ambiente sano para la niña, que mejor nos quedáramos en casa de sus padres, y yo le dije que sí. El primer día comencé a buscar otros trabajos a través de Internet”.

La pesadilla

Cuando Diana le comentó a su ‘amigo’ que había logrado entrevistas, él le dijo las primera palabras del comienzo de su drama: “Tú viniste a otra cosa. Vos me perteneces”. “En ese momento me quitó el pasaporte y la plata delante de mi niña y, ante mi rebeldía, me dio una golpiza terrible y hasta me rompió los dedos”.

El hombre manipulaba a Diana con su hija. La sentenciaba a que, si no satisfacía sus deseos, ella lo pagaría. “Me decía que si él quería la violaba, porque era un matón de Aldo Rico, y que yo era una cucaracha colombiana. Yo accedía a todo con tal de que no tocara a mi hija”.

Diana dice que veía cómo el hombre hacía contactos a través de páginas de prostíbulos. Escuchaba que les decía a sus compinches que la vendería a la red cuando le sacara todo el provecho. “Le pegaba a mi hija y la amenazaba con un cuchillo”.

Diana asegura que fue violada y torturada. “Este tipo me obligaba a bañarme con él. Me convertí en un animal. Sin embargo, aproveché su obsesión conmigo y logré que me permitiera mandar a mi hija a Colombia. Él la odiaba. Ese día me sentí feliz porque la había salvado, pero también se me acabó la vida. Lo que me mantenía viva en el infierno era ella”.

Esclavitud y servidumbre

Diana vivió cinco meses como una sirvienta en la casa de esta familia. Le escondían el teléfono, el Internet y la hacían actuar para que el vecindario no sospechara. La casa era enrejada. No había forma de escaparse. “Todas las noches llegaba a golpearme y a abusar de mí. Intenté suicidarme dos veces”.

Logró grabar los movimientos de los residentes de la casa y luego de varios intentos pudo escaparse, con 80 centavos en el bolsillo, que había sumado a punta de moneditas. “Me armé de valor, amenace a la dueña de casa y huí hasta llegar a una estación del tren. Rogué para que me dejaran el pasaje barato, dije que me estaban persiguiendo”.

Diana dice que tuvo que deambular por las calles sin comer, dormir en albergues y pasar frías noches en parques. “Dormí con prostitutas, habitantes de la calle, pero paradójicamente ellos me protegieron de los policías”.

Lenta ayuda

Pasaron muchos días antes de que alguien del gobierno colombiano ayudara a esta mujer en Argentina. La víctima afirmó que para esa época el cónsul encargado era Álvaro Calderón y que el encargado de asistencia social era Pablo Bustamante. “Mis pies sangraron de tanto caminar. Pasaba horas en el consulado esperando a que me atendieran”.

EL TIEMPO habló con el Ministerio de Relaciones Exteriores y este informó que con Diana se “aplicó el protocolo establecido para la asistencia a las víctimas de trata de personas, se le otorgó orientación y se efectuó una derivación a la Organización Internacional para las Migraciones”. Agregaron que luego de verificar la situación de Diana se le otorgaron asistencia alimentaria, hospedaje, asistencia médica y sicológica y comenzaron las gestiones para lograr su retorno a Colombia.

Pero Diana dice que su verdadero “ángel” fue Fernando Mao, un conocedor del delito en Argentina que amenazó con llevar la historia a los medios si no ayudaban a esta mujer. A los pocos días, Diana estaba besando, literalmente, el suelo de Bogotá.

Mao informó a EL TIEMPO que fue testigo y colaboró con la repatriación de Diana a Colombia. “Eso lo hice cuando era coordinador nacional de la Red Alto al Tráfico y la Trata, de Argentina”. Agregó que ahora está a cargo de la Red Internacional para el Mercosur, que trabaja con Países Asociados Unidos contra el Tráfico Humano, con sede en EE. UU.

Hoy, Diana solo quiere prevenir a otras mujeres. “Qué necesidad hay de que pasen por lo que yo pasé. Yo les digo que duden de todo. Lo sueños se logran, pero no así de fácil, ni con extraños. Me reuno con víctimas y con niñas de colegio. También ayudo a la Fundación Marcela Loaiza y a la ONU y participaré en una obra de teatro “.

El hombre que, según Diana, la violó y la torturó “sigue libre y buscando mujeres por Internet. No sirvieron de nada mis denuncias. Mi caso lo redujeron a servidumbre. Eso fue lo último que supe”.

Ahora Diana sabe que la trata de blancas es el segundo delito más grande después de la droga, que tiene más rentabilidad; lástima, como dice ella, que la experiencia la haya marcado por el resto de su vida.

Distrito está en alerta

El exsecretario de Gobierno Guillermo Asprilla anunció estrategias de prevención agresiva que el Distrito adoptaría para combatir la trata de personas, en el marco de un debate de control político llevado a cabo el 18 de julio pasado en el Concejo de Bogotá. Dijo que habría campañas de prevención en los colegios. Quien quiera denunciar o sea víctima debe comunicarse a la línea 01 8000 52 2020 de los ministerios del Interior y de Justicia.

Otros casos en Argentina y Chile

2009: colombiana llegó a Argentina por promesas de trabajo. La joven despertó en un lugar en el que estuvo encerrada. Fue víctima de amenazas, golpes y obligada a prostituirse. Posteriormente fue obligada a viajar a Bolivia para transportar droga.

2009:
Joven fue reclutada por una familia en Chile que le ofreció trabajo como mesera. Sus ‘captadores’ la obligaron a trabajar en un prostíbulo.

2009:
colombiana recibió oferta laboral en Chile como dama de compañía. ‘Captador’ hizo que la madre de la joven firmara un pagaré por concepto de movilización y otros gastos de su hija. En Chile, la joven fue encerrada y obligada a firmar otro pagaré.

2011:
joven que conoció a un argentino de apodo ‘Catriel’ viajó a Argentina el 6 de octubre del 2010. Fue llevado a un apartamento en las calles Las Heras y Junín, le dijeron que allí se ejercía la prostitución para hombres y que con ese trabajo debía pagar el costo del pasaje y la estadía en Buenos Aires. Dijo que permaneció encerrado y bajo vigilancia. Recibió amenazas si huía.

2008:
colombiana que vivía en Buenaventura fue reclutada y obligada a prostituirse en Buenos Aires. Un cliente la ayudó a escapar.

‘Captación’ de niñas junto a colegios

Según el proyecto de Trata de Personas de la oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito (UNODC), el número de víctimas en Bogotá de estas redes sigue en el subregistro, no hay cifras. Se sabe que por cada víctima oficial hay 20 más que no figuran. La forma de ‘captación’ más común de menores de edad en Bogotá sucede alrededor de los colegios, donde existe una oferta de cafés Internet o por medio de actividades como concursos o eventos para convencer a los jóvenes de aceptar ofertas para modelaje, equipos de fútbol o excursiones. Bogotá es un punto de tránsito en el delito, por la presencia del aeropuerto y terminales de transporte. El delito también opera entre trabajadoras sexuales en localidades como Santa Fe y Mártires. A ellas las convencen de que van a ganar más dinero en otros países, y así ellas caen en las redes.

Carol Malaver
Redactora de EL TIEMPO.COM. 30 De agosto.

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