"Las mujeres son ganado para las mafias"

MARICRUZ BARROSO   13-05-2012

La coordinadora del Turno de Oficio de Sevilla contra la Trata de Seres Humanos con Fines de Explotación Sexual lamenta que aún exista cierta tolerancia con este tipo de delitos, una forma más de violencia de género. “A veces es motivo de complicidad y de broma en colectivos que tienen poder y hasta responsabilidades políticas”, asegura

Dos años lleva en marcha este turno de oficio en Sevilla. Es único en España y atiende, a día de hoy, a 15 víctimas. No suponen ni el 1% del total real, porque estas mujeres están entrenadas para no denunciar. En su mayoría son extranjeras, llegaron a España engañadas, muchas cuando eran menores de edad. Aquí las obligaron, bajo amenaza de muerte, a prostituirse. Incluso a consumir drogas.

Detrás de los números hay nombres. Aunque no podemos darlos. A una de estas víctimas la llamaremos Lucía.

Lucía es latinoamericana. Con quince años la engañó un conocido y la convenció para que viniese a España para trabajar en el servicio doméstico. La red mafiosa para la que trabajaba este hombre le creó un pasaporte falso. Al llegar aquí, un taxi la llevó directamente a un club de alterne, donde la obligaron a vestirse como el resto de las chicas, en ropa interior, y a prostituirse desde ese mismo instante.

Le ofrecieron droga y le propinaron la primera paliza. Le quedaban por delante años de infierno, por varios clubes de España hasta llegar a Sevilla.

En todo ese tiempo conoció muchos tipos de cliente. Ellas los catalogan según su conducta. Un tipo de cliente, por ejemplo, es “El catedrático”. Son hombres de elevado nivel cultural “empresarios, pero también del mundo de la Justicia”, a los que les gusta que ellas se comporten como tontas a su lado, muy narcisistas”, nos cuenta Amparo Díaz. Otro tipo de cliente es “El Loco”, hombres muy violentos.

Y todos tienen en común que consideran a la mujer como mercancía. La Policía Nacional estima que el 90% de las mujeres que se prostituyen lo hacen obligadas.

Dos años lleva en marcha este turno de oficio, único en España, y actualmente lleva 15 casos como el de Lucía. No suponen ni el 1% del total real. Porque estas mujeres viven en una amenaza constante y están entrenadas para no denunciar. Amparo Díaz afirma que todavía hay mucho camino por andar para convencerlas. “Nuestra normativa no es perfecta pero nos permite hacer muchas cosas que con frecuencia no hacemos porque toleramos este tipo de delitos. Es más, es motivo a veces de complicidad y broma en colectivos con poder que tienen responsabilidades políticas”, afirma.

La trata de seres humanos con fines de explotación sexual es, sin duda, una forma de violencia de género, insiste Díaz. Y el Colegio de Abogados de Sevilla ha puesto con este turno su grano de arena para combatirla.

Hoy Lucía es mayor de edad y vive en casas de acogida de la Junta junto a su hijo. Al menos, ha encontrado la ayuda psicológica necesaria y un trabajo para poder, en la medida de lo posible, empezar de nuevo.

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