En el Gobierno suizo, los hombres son minoría y sin cuotas

Piruetas del destino. Uno de los países que más tardó en reconocer el derecho al voto a las mujeres (1971) tiene un gobierno con más mujeres que hombres (4 frente a 3) y va por la cuarta presidenta de la Confederación. Es como si Suiza tuviera prisa en recuperar el terreno perdido. Vean cómo ha aumentado su velocidad en este terreno: desde la fundación del país como Estado federal, en 1848, hubo un presidente hombre cada año. La primera en presidir la Confederación Helvética fue Ruth Dreifuss en 1999, pero aquello fue una especie de prematuro aperitivo de lo que vendría ocho años después: en 2007 accedió al mismo puesto otra mujer, Micheline Calmy-Rey, en 2010, Doris Leuthard y este año, de nuevo la socialista Calmy-Rey. En el Gobierno federal, solo tres hombres frente a cuatro a las que habría que sumar una quinta: la secretaria del Consejo Federal Corina Casanova.

Suiza, ya se sabe, es un país singular. A los siete ministros, en realidad llamados jefes de departamento o consejeros federales, los elige el parlamento para un mandato de cuatro años y, de ellos, sale el presidente, que rota cada año. En principio, podría parecer que tantas mujeres en la cúspide podría ser consecuencia de una estricta ley de igualdad o de la obligación de aplicar cuotas femeninas. Nada más alejado de la realidad. En el año 2000, los suizos rechazaron en referéndum tales normas. Y, sin embargo, las políticas que dirigen los destinos del país son tan radicales en este terreno como si la legislación más feminista les avalase.

Siendo ministra de Exteriores Calmy-Rey en 2006, por ejemplo, rechazó a seis hombres de entre la lista final de candidatos para incorporarse al cuerpo diplomático. “Hay que tomar este tipo de medidas para equilibrar la desproporción”, alegó entonces la ahora presidenta. Los números le avalaban: 10 embajadoras frente a 116 embajadores, pero su decisión causó una gran polémica. Ella no se arredró y, finalmente, de los 14 candidatos ingresaron ocho en el cuerpo diplomático suizo: cuatro hombres y cuatro mujeres. Que después de aquello Calmy-Rey haya sido elegida dos veces presidenta indica que el coste político de su osadía fue muy relativo.
Las próximas elecciones tendrán lugar a finales de este año. Puede que la histórica situación que vive el Consejo Federal no se repita en muchos años. El parlamento suizo no está demasiado feminizado: hay entre un 21,7% de mujeres (Cámara Alta) y un 29% (Cámara Baja), lo que sitúa a este país en el puesto número 27 del ránking mundial, que sigue liderando Ruanda por encima de Suecia. Pero lo cierto es que, mientras tanto, este pequeño país ha iniciado políticas que distan de su proverbial conservadurismo y quizá tantas mujeres en la cima de la montaña tenga algo que ver.
Por ejemplo, su Gobierno se granjeó hace años la antipatía de algunos dictadores gracias a la política, muy defendida por Calmy-Rey, de restituir los fondos ilícitos al país de origen de los tiranos. Entre sus peores enemigos está Muamar el Gadafi. Hace tres años, uno de sus hijos, Aníbal, fue detenido junto a su esposa por maltratar a dos empleadas magrebíes. El líder libio prometió entonces acabar con Suiza. Pero, de momento, solo consiguió cobrar en 2010 más de un millón de euros por liberar a un empresario suizo tomado en Libia como rehén. Este año, la reacción suiza no se ha hecho esperar: el 24 de febrero, cuando el resto del mundo todavía deshojaba la margarita sobre cómo impedir a Gadafi que bombardeara a los rebeldes, los bancos suizos bloquearon todas sus cuentas y las de sus familiares. Un detalle: la ministra de Finanzas Eveline Widmer-Schlumpf es consejera del Banco Nacional Suizo. Otra decisión interesante: tras la alerta nuclear en Japón, Suiza ha sido la primera, junto a Alemania, en frenar sus planes atómicos.
Es verdad que durante el mandato de este Ejecutivo tan femenino los suizos prohibieron en referéndum los minaretes. Fue a propuesta del ultraderechista Partido Popular Suizo, que no está representado en dicho gobierno. También es verdad que la prensa se ha ensañado con ellas con frecuencia y o les ha colocado los apelativos menos cariñosos, como el de Cruella para Calmy-Rey o las ha descrito como personas de bajo perfil político, lo que ocurrió con Doris Leuthard cuando accedió a la presidencia, y ello a pesar de que esta abogada presidía desde 2004 el Partido Demócrata-Cristiano. Raro, ¿no?
Por cierto, la quinta mujer aún no mencionada se llama Simonetta Somaruga. Es socialista, de profesión pianista y, ahora, ministra de Justicia y Policía. Ha sido la última en llegar al Consejo Federal (septiembre de 2010) y la que inclinó la balanza dejando, por vez primera, a los hombres en minoría.


Por: Gabriela Cañas

Editado en El País.com

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