El cliente de burdel tiene 35 años y novia

Desde 2003, el Código Penal castiga con varios años de prisión el proxenetismo, pero en las cárceles españolas, recuerda la socióloga Silvia Pérez Freire, profesora asociada de la Universidade de Vigo, “solo hay una persona por esta causa”. España es “abolicionista sobre el papel” y nada más. Porque “está generalizada la connivencia de los poderes públicos (los políticos, los jueces, las fuerzas del orden) con el proxeneta”, asegura Pérez, que estudia este negocio al margen de la ley desde hace ocho años. “En estos estamentos no hay conciencia” de la situación que viven las mujeres, “el proxeneta es una persona con poder e influencia social, dueño de otras empresas con las que blanquea el dinero”, y la mayoría de los clubes suelen tener “colaboradores” en la policía. La semana pasada, en una charla organizada por la CNT en Santiago, la socióloga afirmó que “muchas comisarías darían casos Carioca si fueran investigadas” por la “relación” que existe entre agentes y proxenetas. “En casi todos los clubes existe buena comunicación con las fuerzas del orden”.

En los clubes reina un “pacto de silencio” que “atrae a los políticos”

“Casi todos los burdeles tienen buena relación con las fuerzas del orden”

Por la comunidad circulan al año entre 8.000 y 10.000 trabajadoras del sexo

La encuesta sobre clientela de la prostitución que realizó el Centro de Investigaciones Sociológicas en 2009, la más ambiciosa efectuada en España hasta el momento, reveló que el 32,1% de los hombres recurre a la prostitución, el 15% asiduamente. Sucesivos sondeos llevados a cabo por la Cátedra de Estudos Feministas de la Universidade de Vigo, arrojaron resultados diferentes, dependiendo del número de encuestados. En unos debates en grupo donde los hombres fueron convocados a ciegas, uno de cada cuatro era cliente de la prostitución. En otras entrevistas con 214 varones vinculados a varios sectores industriales de Vigo y Santiago, resultó que el 45,3% declararon haber consumido sexo de pago por, en este orden, motivos fisiológicos, sociales, de ocio o afectivos.

El 51% tenían una edad comprendida entre los 30 y los 41 años y el 79,4% mantenían una relación de pareja estable. De hecho, la mayoría, cuando acudían a un prostíbulo, elegían la mujer menos parecida a su novia o su esposa, y de los burdeles valoraban, sobre todo, poder acostarse con la más exótica y escoger el momento del sexo. El entorno interracial (las gallegas son minoría hace tiempo, aunque la crisis ha devuelto a algunas a los pisos de citas) y el papel dominante del hombre en los prostíbulos fomenta las fantasías sexuales.

El exotismo está garantizado en este “microcosmos” de “flirteos ficticios” -según describe Pérez Freire, que ha recorrido la mayor parte de los burdeles de la comunidad- porque se ha generalizado el sistema de rotación. Las mujeres, “extranjeras y pobres”, hacen “plaza” unos días en un local y luego marchan a otro. De esta manera, en Galicia ejercen al año “entre 8.000 y 10.000 mujeres”, que pueden llegar a recorrer en ese período “hasta tres o cuatro países”. Esta circulación constante de prostitutas alimenta aquí una población de en torno a 6.000 para dar servicio a la nutrida clientela de sus cuerpos.

Esta cifra se reparte entre los pisos, la calle y los 232 clubes de alterne que funcionan en la comunidad, cuatro de ellos considerados hipermercados del sexo por su plantilla y su volumen de negocio. Son “macroclubes con un centenar de mujeres” que, según Pérez Freire, pueden recibir los fines de semana “500 o 600 clientes por noche”.

En la cátedra de Estudos Feministas, actualmente se desarrollan tres investigaciones acerca de la prostitución. Tras publicar otros libros sobre la materia, Silvia Pérez y Águeda Gómez prosiguen rastreando sectores (el naval, la automoción, el universitario, el sindicalismo, la medicina, la abogacía, entre otros) y trazando el retrato del cliente del sexo de pago en Galicia. Al remate del acto que tuvo lugar en la sede compostelana de la Confederación Nacional del Trabajo, la investigadora no perdió la ocasión de preguntarle a los varones presentes si alguno de ellos, “o sus amigos”, se brindaban a ser entrevistados.

El perfil, en realidad, no es uno solo, hay al menos cuatro grandes tipologías, pero la mayoría de los hombres que recurren a las prostitutas coinciden en ciertos puntos de vista: la prostituta está ahí porque quiere, la mujer tiene suerte, que puede cobrar por copular; el hombre está programado por naturaleza para practicar el sexo frecuentemente y no se puede aplacar ese instinto animal (las mujeres, en cambio, solo están programadas para tener un hijo cada nueve meses); gracias a los clubes, el cliente puede fornicar cuando quiere, puede elegir el cuerpo de mujer con el que hacerlo y el acto no lo compromete; porque el macho humano, a diferencia de la hembra, “sabe distinguir entre sexo y amor”. Estos comentarios surgieron con frecuencia en las entrevistas de la Universidade de Vigo.

El de la prostitución es un sexo cómodo en todos los aspectos, “una de las cosas que más valoran los entrevistados”, según Pérez Freire, es no tener que ganarse previamente a la mujer y “no tener que hablar con ella después del acto”. También “que nadie cuestione cómo lo hizo”. Además, existe un pacto no escrito de silencio entre todas las personas que coinciden en un burdel: lo que se hace allí y quién acude no trasciende los muros del local. “Este detalle los hace muy atractivos a los políticos y personas influyentes”.

A grandes rasgos, las investigadoras definieron cuatro prototipos: el del homo sexualis; el del samaritano u hombre afectivo-sexual; el del homo economicus; y el del homo politicus. El primero es un hombre que “se valora por cuánto practica el sexo y con cuántas mujeres”. El samaritano busca “una relación de amistad y ayuda” con alguna prostituta, más débil y desvalida que él, y a veces llega a entablar una relación sentimental. El economicus, es el grupo que suele incluir a los más jóvenes, hedonistas, consumidores de ocio y drogas, coleccionistas de emociones y mujeres. El politicus, en cambio, tiene cierta conciencia de que lo que hace no está bien, pero lo hace.

El 75% no quedan satisfechos

Suecia es el único país que penaliza el consumo de prostitución. En Galicia, ese elevado porcentaje que representan los clientes de los clubes reclama, más bien, la legalización. Y no lo hace precisamente pensando en las mujeres. Los hombres que compran sexo, según la profesora de la Universidade de Vigo, desean que se regularice el trabajo de las prostitutas para que “exista un control sanitario” (la mayoría piden copular sin condón) y para que “paguen a Hacienda”.

En el libro Prostitución: clientes y otros hombres, publicado por Xeráis, Águeda Gómez y Silvia Pérez incluyen los resultados de una serie de entrevistas a clientes de mujeres, dueños, encargados y empleados de los clubes. Entre los personajes que frecuentan el sexo de pago llaman la atención los “abiertamente misóginos”, que temen o desprecian el sexo opuesto y descalifican a todas las hembras por el hecho de serlo. Un “trabajador del Ejército”, de 33 años, soltero, defendía sin rebozo ante las investigadoras que “putas son todas las mujeres, prostitutas las que cobran”: “Conozco muchos hombres que están casados y sus mujeres están con otros”, añadía para dar solidez a su afirmación.

Las investigadoras concluyen que el consumidor de prostitución “no es patológico”. Tampoco se puede señalar una clase social como predominante. Y cada vez hay más jóvenes que acaban sus noches de fin de semana pagando por el sexo “a las cinco de la mañana, cuando ven que no resuelven” gratis. Muchas veces es un “acto socializador”, ellos acuden en grupo, después de “cenas de negocios”, y con frecuencia pagan con “la tarjeta de crédito de la empresa”, un error que puede terminar delatándolos. A pesar de todo, “el 75% no quedan satisfechos” con el tipo de sexo que les ofrecen los prostíbulos.

El pais.com Galicia

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