Destructores de vida

Son muchas las ocasiones en las que me pregunto por qué tuvo que tocarme a mí. Muchas, en las que me pregunto cómo no quise ver toda la realidad; escuchar a todos cuantos me avisaban, estar alerta a tantas y tantas señales que hacían ver lo que se escondía detrás de esta personalidad enfermiza.

Si, lo he escuchado miles de veces. Muchas  personas te dicen que esta clase de seres no son enfermos, que son fríos, calculadores, que saben perfectamente  qué hacen y por qué lo  hacen. No sienten empatía por nadie, les da igual el daño que puedan llegar a causar.

Yo, por el contrario, soy de la opinión que al igual que todo el mundo, tuvieron capacidad de decidir. En un instante  de sus vidas, aunque sólo fuera en uno,  tuvieron que optar por ser personas o ser deshechos. Es justo en esa elección donde yo dudo si sólo son cínicos, calculadores, manipuladores,  fríos, etc o verdaderas mentes enfermas que eligen el camino de destruir al prójimo.

En mi caso particular fui su segunda víctima. Cuanto le conocí me dijo que estaba divorciado. Cuando empezamos a salir me enteré que seguía casado y vivía en casa de su mujer. Ese mismo día le dije que se había equivocado conmigo, que  yo no me metía en matrimonios, que me había mentido y que se acabó. Esa noche llegó a mi trabajo,  con su ropa en el maletero, y jurando que sólo seguía casado con ella porque ella se lo había rogado mientras arreglaba sus temas, pero que hacía años que no hacían vida marital. Que él solo llegaba a su casa, se duchaba y se iba a trabajar. Que me quería y que no me iba dejar escapar.

Le creí. Y de esa forma, no sólo se metió en mi vida, sino también en mi casa. Y lo que era aún más cierto, no me dejaría escapar.

Por aquel entonces me contaba  que su ex le había estado engañando con un amigo suyo, que decía ser gay, pero a quien le iba los dos sexos;  que su mujer le había arruinado porque le enviaba todo el dinero que él ganaba a su familia y le había dejado deudas. ¿Alguien puede imaginar quien tuvo que encargarse de pagar las deudas de su anterior matrimonio? Supongo que no seré la única en todo el planeta que se haya encontrado con un parásito de éstos.

Me contó  que durante el tiempo en que su matrimonio ya estaba roto y era sólo un acuerdo provisional, había mantenido relaciones durante algún tiempo con una chica de Huetor Vega, hija de un Guardia Civil,  que conoció trabajando un  en Hotel cerca de Sierra Nevada; él como camarero y recepcionista y ella como limpiadora, que estuvo con ella bastante tiempo, al principio porque era una chica que se ofrecía ” muy fácilmente y gratis”, pero  luego, con el tiempo, empezaron a salir como si fueran novios constantemente, a pesar de que los dos sabían que él estaba casado, ya que a él le venía bien una “que le gustara abrirse de piernas de una forma tan fácil y gratis”.

También me contó que la dejó, porque estaba loca, que un día había simulado ante todo el mundo que iba a suicidarse dejando  una nota, pero que en realidad había escondido las maletas debajo de la cama,  y mientras todo su familia la buscaba con desesperación, incluso preguntándole a él cómo encontrarla, ella  estaba de cervezas con sus amigas. Esta misma mujer, que según él, no dejaba de buscarle en su vida, le había pegado ya la enfermedad venérea que me pasó cuando nos conocimos,  la primera de tantas que tuve que pasar en mi vida junto a este elemento y su amiga, que trabajaría como limpiadora para los demás, pero olvidándose algo del aseo personal, además de ser los dos   poco amigos de mantener unas relaciones sin poner en riesgo la vida de los demás, que no tienen culpa de que sus cerebros y su aseo fallaran tanto.

Siempre se montaba  su película,  él era el perjudicado y todos los demás quienes le habían destrozado la vida, hasta que aparecí yo, claro. Sobre las anteriores, lo típico; que se habían aprovechado de él, que estaban locas, que eran unas falsas y embusteras, unas “Z…”

Y nuestra relación, pese a los avisos de todo el mundo de que me alejara de él, comenzó.

Trabajaba en un bar, bueno, eso de trabajar es un decir. Un local familiar, en el que no ganaba mas que dos mis pesetas cada fin de semana. Él bebía bastante por aquella época, la excusa…lo  mal que lo había pasado con esas dos mujeres, la “loca e infiel” de su ex- mujer y la “loca” de su amante.  Durante ese tiempo contaba a todo el mundo, incluída a mí, que el negocio era suyo, que sus hermanos eran sus empleados y  se quitaba de enmedio todo cuando podía y más, argumentando problemas con su familía, lógicamente, y se sentaba siempre detrás de la barra intentando trabajar lo menos posible, también logicamente por problemas con su famila.

En aquellos tiempos se le cayó su disfraz de víctima y pude ver lo que había, aunque al final acabé creyendo, una vez más en sus mentiras. Quizás esa fue la única vez en su vida en que  una verdad saliera de su boca.

Yo trabajaba de comercial y cuando terminaba mi jornada trabajaba en el bar con él, para meter algo más de dinero en casa; así podíamos sobrevivir,  con mi sueldo, las ocho mil pesetas que su padre le pagaba al mes y otras ocho que me pagaba a mí;  ya vivíamos juntos y yo tenía una hija de una relación anterior. Se suponía que éramos una familia con gastos que cubrir, gastos que, con lo que él ganaba, no podíamos pagar ni por asomo.

Recuerdo que por aquella época llegaron unos comerciales de Madrid a vender libros, entre ellos una chica, que creo que le caló bien pronto. Se arrimaba a él bastante, con esa risa tonta que tienes cuando quieres simular que algo que te han contado te ha echo gracía;  venía junto a sus compañeros y él me dejaba en el bar trabajando y se iba con ellos de marcha. Yo veía cómo ella se agarraba de su  brazo y salían juntos como si de una pareja se tratara del bar  y el “tonteo” tan grande que había entre los dos. Ese fue quizás uno de los momentos en que vinieron en más ocasiones a hablar conmigo nuestras amistades y a pedirme que abriera los ojos, que sólo se aprovechaba de mí, que no me quería, que seguía como un simple perro a cualquier mujer que se le pusiera delante. Le vendió tres enciclopedias,  alguna tuve que  que pagar, otras, que arreglar su devolución; ella realizó bien su trabajo haciéndole creer que por comprarle algo, ella caería;  él  no se comió nada, sólo las enciclopedias.

Una vez comprobado cómo sólo hacía lo que ella quería y le pedía, tuvimos la primera  gran discusión, le dije que qué pasaba, que por qué me faltaba el respeto de esa forma; que estábamos en la boca de todo el mundo, que todos veían lo que estaba pasando y que a mí me dolía lo que veía, recuerdo que me gritó como un loco y que me dijo: “así soy y eso es lo que hay, así que ya te puedes ir acostumbrando”.

Como comprendereis en aquellos momentos aún era una mujer fuerte, le dije que si él era así, que yo no iba a acostumbrarme y que me iba, así que comencé a hacer las maletas, cuando vió que me iba, cambió su aptitud totalmente, me pidió perdón, me dijo que me quería, que sólo había estado tratándola bien porque eran clientes, que jamás volvería a pasar. Supongo que os sonará. Volví a creerle, volví a quedarme y pagar facturas para que él se divirtiera.

Como yo ya estaba cansada de trabajar para él y para toda su familia, todos cortados con la misma tijera, le dije que nos fuéramos a mi tierra, allí yo encontraría trabajo facilmente y que él podría encontrar algo y podríamos ser una familia normal y no estar yo sobre cargada con varios trabajos porque “él tenía que estar llevando el bar, y ahora había que pagar todos los préstamos”.

Mientras nos dirigíamos a mi tierra, ya en la furgoneta, con todo cargado, me soltó algo que me dejó de piedra, “que lo mejor sería que trabajara yo y que él se quedaría en casa cuidando a la niña y limpiando”. Segundo pedazo de semáforo en rojo, gritando frena, frena… Le dije que de eso nada. Que eso no era lo que habíamos hablado y que íbamos a trabajar los dos, que se olvidara de esa idea.

En mi tierra sólo encontró los trabajos que yo le conseguía.  Estando de camarero en un restaurante empezó a tontear con una de las camareras que estaba divorciada, tanto que hasta les llegué a ver cómo se daban de comer el uno al otro delante mía.

Nuevas discusiones, nuevos eres tú que ves lo que no hay, siempre era yo  y mis ideas raras. El continuaba viviendo muy tranquilo,  “tonteando o algo más con todas”, mientras que la única que tenía que preocuparse por pagar las facturas y trabajar era yo.

Por aquella época pensó en hacerse socio del dueño del Restaurante donde trabajaba y que le avalara su padre, cuando volvimos a Granada para que su familia le firmara unas letras de cambio, su padre le habló de los problemas por los que estaban pasando con el bar, que tenía deudas, porque ninguno de sus hermanos quería trabajar, y el dinero desaparecía. Hizo las cuentas junto a su padre, qué se debía y cuánto se podía ganar con el bar y acordaron volver a Granada y volver a hacerse cargo del negocio, su padre la avalaría los préstamos por lo que se debía que ascendía a millon y algo y algo más para reformar el local. En total dos millones de pesetas.

Por aquellos momentos yo sólo pensé que pondría tierra de por medio con sus tonteos con la camarera; como si sirviera de algo cambiar de domilio porque uno no quiere al otro… El amor no es ciego, el amor tiene el mismo problema que la justicia, que no quiere ver…

De vuelta en Granada, el mismo día que se pidió el préstamo, la cartilla entró en el banco y salió sin nada, porque sólo a ese banco ya le debían esa cantidad;su famila había mentido en las cuentas que le dieron.

Yo ya había dejado mi trabajo y ya sólo nos quedaba seguir para adelante porque no teníamos nada. Nuevas sorpresas. Toda la maquinaria estaba averiada, debían a otros bancos, a la  seguridad social, la luz, el teléfono estaba cortado, los proveedores ya no les servían por impagos.  Una total y absoluta ruína y un gran engaño por parte de su familia para pasarnos las deudas a nosotros. Lo peor, poco tiempo después nos enteramos que estaban metidos en los tribunales para que abandonaran el local y aunque pagamos lo que debían el dueño del local, al ser él de la misma familia, continuó el proceso para que se nos echara. Normal, el hombre ya había visto que eran todos iguales.

Mientras  recurríamos las sentencia para estar más tiempo en  el local y pagar lo que pudieramos, yo ya estaba embarazada. Un embarazo que él no había parado de pedir. “Le faltaban los dos primeros años de ser padre”, “era el sueño de su vida”. Sin trabajo, con deudas por todos lados, embarazada, peor imposible. Así que mientras él, que no quería peleas con su familia, se quedaba en casa acostado para no ver a quienes nos habían llevado a la ruína,  yo bajaba embarazada a trabajar hasta las cinco de la mañana, y así evitar enfrentamientos con ellos.

Su hermana estaba embarazada al mismo tiempo que yo, su sobrino nació tres meses antes. Recuerdo que cerró el bar, porque quería estar junto a su sobrino. Cuando me puse de parto, tardó en aparecer, y nada más dar a luz, llamó a un amigo suyo y se fueron los dos a celebrarlo. Mientras las demás madres estaban allí acompañadas de sus maridos yo volvía a verme sola en el hospital. Sola, como siempre desde que lo conocí.

Tras tener a la peque, me pidió nuevamente en matrimonio; yo no quería casarme porque estábamos arruinados y no teníamos  ni para el vestido,ni para celebrarlo,  ni para poder tener la boda que yo siempre quise, no llena de lujos, pero sí con unos mínimos. Pero él no paraba de insistir que era lo mejor, que pensara en la niña, que si a él le pasaba algo su ex se llevaría casi todo y la niña no tendría nada. Volví a caer en la trampa y pasé por esa boda que fue uno de los peores días de mi vida, en un juzgado, con un vestido que no me gustaba, los invitados sentados en sillas de colegio y para rematar,  cuando la jueza le pidió que firmara soltó su gracia…”si no queda más remedio…” (Segunda verdad en su vida). Que en esos momentos, aunque mi cabeza quería pensar que había intentado gastar una broma “algo fuera de lugar”, sus palabrás me rajaron el corazón. Pero ese día había que disimular y sonreir, pese a mi gran infelicidad, eso sí, él y su familia, todos muy felices y contentos.

Así, ya, dos niñas, arruinados, sin bar, empezamos a buscar un local para que trabajara; con mi visa pagó las compras de la maquinaria y todo lo que se le ocurrió, contrató un camarero, ya que él era el jefe, y de vuelta a lo mismo; yo a llevar dos trabajos, y el local a dar pérdidas y a no poder pagar nada. Eso sí, el género desaparecía. En pocos meses hubo que cerrar. Yo continuaba manteniendo a la familia “al pobre” le salía todo mal, por más que lo intentaba. O eso quiso pensar mi cerebro que no quería aceptar la realidad.

Cuando el local se cerró, tuvimos una gran discusión y su madre le buscó un trabajo de mozo de almacén, cuando a su jefe le hacía falta cogía el camión y se iba a hacer repartos. Ni que contar que, a penas le veía, salía de casa a primera hora, y volvía sobre las doce o incluso más tarde. Su versión, horas extras que no les pagaba, lógicamente seguida de su habitual verborrea, h.p. del jefe que le explotaba, que aguantaba ese trabajo por la familia, que cuando se terminara de pagar el camión tendríamos dinero, etc, etc, etc.

Así que decidió meterse en un camión para ganar más, y luego en otro más grande, porque con el pequeño tenía demasiadas “averías” y no llegaba a ganar nada, yo, no sólo tenía que mantener la casa, sino también mantener los gastos de su trabajo. Pero como siempre sus palabras de ese amor tan grande que sentía por su familia, que todo era una mala racha, pero que nuestro amor superaría todo; y yo le  creía, esperaba, creía, esperaba… Eso era ya sólo mi vida, muchas lágrimas y una esperanza que jamás llegaba.

En una ocasión, ingresaron a la pequeña, su hija. Él estaba de reparto por la zona de la Alpujarra, llamé a su trabajo para que le avisaran y corriera al hospital (siempre  me decía que no le llamara yo,  que allí no tenía cobertura, que ya me llamaría él cuando saliera de allí) y luego llamé a mi familia, que vive a tres horas de Granada. Llegó antes mi familia que él.

Como teníamos a la otra niña pedí a mi familia que se llevaran a la mayor, y yo me quedaría con la pequeña en el hospital. En el Clínico no te dan de comer, ni me dejaban salir, ya que “yo tenía que cuidar a mi hija, que las enfermeras no están para eso y la niña era muy pequeña y no podía quedarse sóla”. Así que allí me ví, durante una semana, sin comer, sin ducharme, sin poder tomar ni un café,  tan sólo un bocadillo que él me traía a las once de la noche, lo justo para preguntar qué tal y largarse, que al día siguiente tenía que trabajar. Pero claro, todo lo hacía por su hija, debía trabajar, para no perder el dinero que tanto falta hacía a la familia. Él sólo pensaba en nosotras. (Y en lo libre que estaba durante aquella semána, lógicamente)

Durante los años que tuve “que pagar para que él trabajara con el camión”, contraje lo que él decía ser  hongos, porque entraba en baños sucios y las limpiadoras del lugar donde trabajaba tampoco eran muy limpias según él. Estábamos arruinados, lo que me quedaba era para pagar lo que las niñas y yo comíamos, la Seguridad social tardaba unos tres meses en verte un especialista y yo tenía que optar entre pagar a una ginecóloga o dar de comer a mis hijas. La elección estaba clara. Creo que gastamos camiones de Canesten, porque era un no parar, tan pronto nos curábamos, empezábamos de nuevo.

Años más tarde encontré unos números de teléfonos escritos en un papel en la mesa del salón, estaban junto a un periódico; él dormía arriba. Miré el periódico y comprobé que eran teléfonos de prostitutas. Subí a preguntarle por los teléfonos, su contestación fue, “eso, no es nada, sólo los números para descargarme música al móvil”. Tuve que subirle el períodico para que reconociera la verdad. Nuevos llantos, no me abandones, te juro que no he llamado, sentí curiosidad, pero luego me vino la lucidez y no he utilizados esos números, te quiero con locura, las niñas y tú sois mi vida, etc, etc, etc. Toda la cantinela que parece que aprenden desde pequeños.

Decidío a acudir a un psicólogo para arreglar ese “pequeño” problema, y que yo le perdonara ese “tonto y estúpido” error, porque iba a demostrarme cuánto me quería y lo que le importábamos. Estuvo tres meses yendo dos veces semanales, por aquel entonces estaba parado, vamos oficialmente, porque “parado” ha estado toda su vida, luego dijo tenerlo todo solucionado. Como siempre la culpa del padre, de la madre, del tío, del primo, del perro de la vecina, de la paloma que pasó un día volando por encima de nuestro tejado; de todo el mundo, menos de él. Pero,  lo más importante es que jamás se había acostado con ninguna otra mujer porque yo era la única que le importaba y aunque en ocasiones tenía ideas raras, no las llevó nunca a la práctica. Eso era lo que a él le confirmaba que su familia y yo éramos lo más importante  y lo que yo tenía que ver. (Mejor dicho lo que a él le interesaba que yo viera)

En aquellos momentos habló conmigo más que nunca, mentiras, por supuesto, para convencerme de lo que le interesaba. Pero sí llegó a desdecir mentiras pasadas, que no fue su mujer quien le engañó a él sino muy  al contrario él a su mujer, incluso llegó a reconocer que lo hizo  con el amigo de su mujer (vamos que a él le iba todo);  que tenía muchos problemas con su mujer porque su mujer era muy celosa y que se vió obligado a casarse con ella, porque él no la quería y por eso se lió con la otra, que casualmente, era otra igual que su mujer e igual a su madre, que siempre había buscado el mismo tipo de mujeres, todas  iguales a su madre, y todo lo contrario a lo que yo era. Pero que todo “estaba solucionado”, porque había comprendido y se había enfrentado a sus problemas y a partir de ese momento no fallaría la comunicación, algo que jamás tuvimos porque él nunca tenía tiempo para hablar conmigo, entre nosotros. Ya estaba todo solucionado. Pelillos a la mar..

Nuestra relación continuó, de la misma forma que nuestros graves problemas económicos.Un año que fui a matricularme en la universidad y no podía acceder a la página , me encontré un messenger que desconocía abierto, en él pude ver muchos contactos de mujeres y de hombres, con los que mantería charlas de sexo, también entraba en distintos chats, buscando relaciones. En páginas de intercambios de fotos eróticas por no llamarlas por su nombre y de intercambio de películas caseras pornos.  Y otros correos más a los que no pude acceder.

Le esperé esa noche y cuando llegó le pedí que me abriera esos correos, se negó; le dije que tenía dos opciones, o que los abría delante mía en ese mismo momento o que se marchara esa misma noche de casa. Los abrió, sólo me dejó leer un poco, allí pude comprobar cómo tenía una relación de “pareja”con una mujer de Madrid, que se apodaba “flor de pascua”, leí cómo le  decía que “era lo mejor que le había pasado en la vida” y cómo no cesaba de  echarle mentiras, diciéndole que estaba divorciado, que era camionero y estaba todo el día de ruta, en aquella época era  mozo de almacén, con un mísero sueldo; pero él   se inventó una vida totalmente distinta a la suya para engañarla y quedar con ella para conocerse. Según me comentó tiempo más tarde “iba a ser mi sustituta” porque tenía un piso en madrid y un cuatro por cuatro,  pero que la muy  “hija de p… le había engañado, que estaba casada” y que las fotos que le había enviado eran de una modelo ibero americana, no de ella.

Nuevos llantos, súplicas, perdóname, piensa en las niñas, no he hecho nada, creía que no te hacía daño con ésto, sólo era un juego,  ha sido sólo por internet, era un entretenimiento,  todo era mentira, “te juro por la vida de nuestras hijas que jamás me ha acostado con otra mujer desde que nos conocemos”. Yo le pedí que se fuera a Madrid con ella si tanto la quería, y que me dejara a mí en paz. Pero no cesaban los llantos, las súplicas, los te ruego que me perdones, el tirarse al suelo, las simulaciones de intentos de suicidio…  le envió un correo delante mía, diciéndole que le había estado mintiendo en todo, que estaba casado y tenía dos hijas y que no quería saber nada de ella, que iba a luchar de forma deseperada por que su mujer le perdonara. Yo le envié otro desde mi correo y le dije que si se volvía a poner en contacto con ella que era libre de irse a Madrid, que yo no quería estar con un hombre enamorado de otra mujer, y que si tanto se querían, que fueran felices, pero que nos dejaran a mis hijas y a mí a parte.

Ese verano cambió radicalmente, empezó a mostrarse de forma cariñosa con nosotras; como sabía que a mí jamás me gustó la boda que tuvimos habló con un cura para anular su anterior matrimonio y así poder casarnos, volvió a pedirme matrimonio, planificaba viajes, nos llevaba a la playa, al camping, etc. El marido cariñoso y perfecto.Organizó los viajes para que las niñas fueran a Terra Mítica, a a distintos parques temáticos, todo cuanto yo le había ido pidiendo años atrás.

Justo tras el verano tuve que ser intervenida, y me dieron de baja, mientras estaba de baja, su “pareja” de Madrid, contactó conmigo por el messenger preguntándome que por qué no le dejaba irse, que él estaba enamorado de ella, que le llamaba por teléfono todos los días, cuando le dije que me estaba mintiendo que me decía eso sólo porque él había decidido quedarse con su familia en lugar de irse con ella, me contó con pelos y señales todo nuestro verano, a dónde habíamos ido, qué habíamos hecho, cómo nos robaron en el coche y los daños que sufrió para al final contarme que tenía un teléfono en la taquilla de su trabajo y que hablaba con ella a todas horas, que le contaba que no me dejaba porque no sabía cómo hacerlo por las niñas, pero que no quería ni soportaba vivir conmigo e insistía en que  los dos se vieran. No había dudas, con todo lo que me  contó,  ella decía la verdad. Vamos que mientras me pedía a mí matrimonio, estaba intentando quedar con la otra para largarse y dejarnos ¿existe alguien tan cínico?

Esperé a que llegara del trabajo, cuando almorzó le  dije que nos fuéramos para su trabajo y que delante mía abriera su taquilla. Ya se desconpuso, cuando le dije que su amiga se había puesto en contacto conmigo y me lo había contado todo, no paraba de insistir en que ella se lo inventaba, que él no tenía nada que ver con ella, que me lo había estado demostrando día a día, que ella sólo era una amargada que pretendía vengarse porque  él no la eligió a ella y yo qué se cuantas mentiras más soltó. Ahí ya saltaron los problemas. Ya estaba claro lo que había, no era un tonteo, francamente buscaba desesperadamente mujeres con quien estar y estar lo más lejos de mí posible. Yo tan sólo era su sustento, el medio que tenía para sobrevivir y llevar la vida que llevaba.

De los gritos pasamos ya a algo que, aunque el mismo Dios hubiera bajado a decírmelo, no le hubiera creído, cuando discutíamos me cogió en tres ocasiones por el cuello, y siempre cuando le decía “tú no eres un hombre”.

Pero seguía manteniendo que todo se le había escapado de las manos, que le ayudara, que no le dejara, que me quería con locura. Aún seguía jurando y perjurando por la vida de nuestras hijas que jamás me había sido infiel, que por eso tenía claro que me quería. Por aquella época anunciaron en televisión que en Málaga había una empresa de detectores de mentiras, y le dije que si eso era todo cierto que bajáramos a Málaga y que él ya sabía cual iba a ser mi primera pregunta. Bajamos a Málaga y salió que me quería, que no me mentía cuando decía que quería arreglar la situación, solucionar sus problemas y tener una familia “normal”.

Ahí todo cambió, la tarde antes del viaje a Málaga, me habló de su primera “querida”, la “Z… loca”, aquella que  que me contó que había dejado antes de conocerme, y me confesó que había estado con ella durante todos los años que estuvimos juntos, salvo temporadas, incluyendo su embarazo, en que sólo habían tenído contacto por teléfono, y que cuando dió a luz, ella fue a buscarle y le dijo que no sabía quien era el padre, pero que a todos los efectos sería su marido.

Y es que ella también estaba casada, pero, tal y como él, sólo se había casado con él para tener a alguien que le mantuviera y pagara la hipoteca de su casa; y mientras el otro se deslomaba trabajando en la obra para mantenerla a ella y sus hijos, al menos a  los que ella le decía que eran suyos, ella saltaba de furgoneta en furgoneta, correteando de uno en otro, a ver si alguno le ofrecía algo mejor. ¿Por qué nunca se fueron a vivir juntos? La respuesta esta bien clara, dos seres exactamente iguales, dos parásitos sin escrúpulos que buscan víctimas para vivir a costa de ellos y mantener sus vidas de solteros, solteras. Él no podía irse con ella porque reconocía bastante bien lo que ella era, y en cuanto descubriera que él no tenía un duro, sino que el dinero era mío, se acabó el que ella se abriera de piernas y esas palabras de “eres el hombre de mi vida”.

Además me contó que había estado en distintos clubs de alternes, que nada le satisfacía, ni su ex, ni su amante, que sólo era para él una “p….” que le salía gratís, ni yo, ni las prostitutas con las que se acostaba, en resumen, que parece que el único que le dejó a gusto fue el amigo de su ex.

Las discusiones empezaron porque ya había mentido tanto que yo no quería saber nada de él, y comenzaron los insultos, los “jamás te quise, me casé contigo porque no soy gilipollas, y alguien tenía que mantenerme”; “mírate, qué hombre se va a acostar contigo si no es para sacarte el dinero”; “las niñas siempre fueron un estorbo en mi vida”; “tú eras simplemente un boquete para cuando no tenía otra cosa”. Tres años de terapia semanal en el Instituto de la Mujer y con psicólogos privados para llegar a superar ésto. Me río de la “justicia”, las penas a estos destructores de vidas humanas, y sus órdenes de alejamiento.

Todo ésto ocurría en el peor momento (o puede que en el mejor)  justo antes de unas elecciones en donde yo era una de las candidatas que iban en la lista y que tenía que estar todo el día de acto en acto y sonriendo. Supongo que quizás eso me dió más fuerzas, para aguantar todo lo que escuchaba, ya que estaba obligada a salir, a arreglarme y a codearme con la gente. Pero como él sabía lo que había en realidad  no se apartaba de mí, tanto que yo sentía hasta miedo cuando alguien se me acercaba a hablar conmigo, máxime si era del sexo masculino. En aquellos momentos me habían destinado a otro puesto de trabajo y una compañera fue la que, sólo cómo había dejeado de sonreir y, de vez en cuando, me escondía en el baño a llorar,  me llevó “de las orejas” al Instituto de la Mujer. Ya que las agresiones físicas habian comenzado. Rompía todo lo que había en casa, trató en varias ocasiones de estrangularme. Vivía un auténtico pánico. Tanto que empezaron los ataques de ansiedad, y con ello el que se me recetaran ansiolíticos y antidepresivos.

Como él se negaba por activa y por pasiva a que la relación se acabará decidió acudir a psicólogos para buscar ayuda y demostrarme que me quería, que todo había acabado; que el perderme le había echo reaccionar y darse cuenta de que sólo era un desgraciado, sin amistades, sin familia, sin nada.

Cuando acudíamos a los psicólogos empezó a contar cosas, cómo era su “amante” la que le pegaba todo, que ella no dejaba de perseguirle y llamarle, que aparecía por su puesto de trabajo para conocer a sus amistades y desayunar juntos, que le pedía que la llevara a hoteles para no hacerlo siempre en la furgoneta, que se llamaban todos los días, y ella no paraba de decirle  que se había casado con su marido sólo porque él la dejó, pero que jamás le quiso, y debía ser cierto, ya que llegó a contar cómo cuando su marido murió en una  obra en Motril, no llevaba dos días enterrado, cuando él ya estaba en su casa acostándose con ella. Y que eso mismo fue lo que le hizo reaccionar y ver la clase de persona sin sentimientos que era ella, pero claro, no  quiso ver que era la misma clase de ser sin sentimientos que él. Ya que fueron ambos los que ni le respetaron en vida, ni le respetaron en su muerte.

Durante la terapia fue saliendo todo, cómo el hijo de ella podría ser suyo, que él jamás la quiso y que se lo dejaba bien claro, a lo que ella le respondía que le daba igual, que si para estar con él debía correr cuando el se lo pidiera y verlo solo para “fo…”, ella estaba de acuerdo. Increible. Francamente creo que esa no era la realidad, la realidad es que él le contaba que tenía un negocio y mucho dinero y ella estaba dispuesta a lo que fuera por vivir a costa de él, de la misma forma que lo había estado haciendo de su marido; de la misma forma que él lo hacía conmigo.

Cuando decidió dejar a ésta dándose cuenta según él que era un ser sin escrúpulos, empezó a buscar a las siguientes; sinceramente pienso que simplemente la dejó porque ya no tenía escusa para no irse a vivir con ella y si lo hacía su “gran vida de mentira” quedaría al descubierto y él en la calle, compuesto y sin pareja que le mantuviera.

Tras años de terapia, después de haber pasado él por unos ocho psicólogos aproximadamente, todos ellos diciéndole que tenía graves problemas, ya divorciados, llegamos al acuerdo de divorciarnos de mutuo acuerdo y que se quedara en casa por la pequeña; tres años más tarde, cuando ya tampoco la pequeña quería verlo en casa, nos hemos separado físicamente.

¿Por qué me atrevo a contar ésto? Simple y llanamente por una razón. Espero y deseo que lo que he relatado aquí sirva para ayudar a alguna mujer a tomar la decisión adecuada.

Yo continúo creyendo que si un hombre verdaderamente quiere cambiar, lo puede hacer. Pero es él quien debe desearlo. Jamás lo hará por mucho que la otra persona desee que cambie.

Mi único consejo, abrid bien los ojos, estad atentas a las “grandes, muy, muy grandes”señales  que estos seres te dejan, no te fies de las palabras, sólo de los hechos, e incluso más de sus amistades, si es que las tiene.  Y si tienes que tomar la decisión de apartarlo de tu vida. Cuanto antes mejor. Vive. No sigas esperando poder llegar a vivir.

Nornas.

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